Cuesta de enero

1aAfter the Christmas break our body becomes some sort of shattered battlefield; we have eaten almost anything, all kinds of crazy food combinations that have caused us some digestion issue. We have been as magnanimous as the season itself concerning food and now it’s time for healthy life seclusion. Check my own routine: I wake up and drink a cup of hot mineral water plus ten minutes of sleep-walker yoga; four pull-ups and then I have my cereals with home-made muesli, oat milk, and orange juice. God bless normal life…

Las Navidades ya son cosa del pasado y con ellas la locura de la bulimia estacional. Al amparo del calor del hogar, hemos dado rienda suelta a nuestros instintos más voraces en lo que a comida se refiere. No le hemos hecho feos ni a lo dulce ni a lo salado. De cinco comidas diarias hemos pasado a la mascletá de la ingesta ininterrumpida. Hemos mezclado el Suchard con el turrón dulce (alguno incluso habrá ido más allá en lo viejuno y se habrá atrevido con el turrón duro), el tinto con el blanco, langostino, cochinillo y cordero, mayonesa “deaportodo” y, aunque a nadie le gusta en realidad el champán, todos le hemos dado un trago por lo que pudiera pasar. Los que en la vida diaria practicamos una dieta glutenfree, lactorreacia y azucaragnóstica, tenemos un estómago que ha perdido las habilidades de la calle, por lo que el atropello navideño ha dejado a más de uno/a (me incluyo) en la inmunodeficiencia digestiva. Para volver a nuestras doctrinas de vida sana antes de que nos tengan que trasplantar el estómago de una vaca, nada como empezar con la disciplina por la mañana (yo he copiado estas rutinas de mi novio que es a la vez mi gurú y personal trainer). Lo primerito al levantarnos, una taza de agua caliente en ayunas; antes de predicarlo la Preysler, se hacía ya en las aldeas para la salud intestinal, además hidrata y nos recompone el cuerpo. Después, todavía en ayunas, una pequeña sesión de yoga de andar por casa. Diez minutos de estiramientos es suficiente para que el cuerpo se venga arriba y empecemos mejor el día. Yo me hice mi propia “esterilla” con un resto de edredón cubierto por tela de forro polar de cuadros: en las mañanas de invierno es la perfecta transición de la bata al suelo, sin apenas notar la diferencia: el acolchado y el tejido llaman al cuerpo y el shock de la actividad física se minimiza. Cuando ya entro en calor hago un par de dominadas en mi barra Salter, camuflada de camino al baño (la fotografía no es muy estética pero sí explicativa) y de ahí a mis cereales sin gluten acompañados con mi muesli hecho en casa de frutos secos y semillas, leche de avena y zumo natural de naranja. Si eso no es vida sana, que venga Dios y lo vea.

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