Jerusalén

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Puerta de Damasco

El octubre pasado viajé a la ciudad sagrada por motivos de trabajo y tuve algo de tiempo libre para pasear por su casco antiguo, una de las experiencias más interesantes que he tenido viajando. El laberinto de la ciudad vieja es como un parque temático de las religiones donde pocos metros separan el barrio musulmán, del judío, del cristiano y del armenio. Uno se siente transportado a una máquina del tiempo enorme, o eso protagonista de un cameo en Rey de Reyes. La mezcla es tan abrumadora y condensada que te arrastra hipnotizado por las callejuelas llenas de gente y de tiendas, judíos ortodoxos con sus trajes oscuros, tirabuzones y sombreros extra-large como sombras subiendo y bajando las calles, musulmanes apostados en las puertas de sus establecimientos reclamando a gritos tu atención, grupos de católicos en trance murmurando plegarias mientras serpentean hacia el Santo Sepulcro, mujeres judías charlando en grupo con sus pelucas oscuras (ajenas al movimiento de sus cuerpos) rodeadas de niños, restaurantes de comida kosher, puestos de kebab… De camino al muro de las lamentaciones y dada la sensación tan narcótica que produce el ambiente, fui presa de unos religiosos que por unas monedas (euros mejor) te ataban una cinta roja a la muñeca llenándote de bendiciones para que alguien se casase contigo y así poder cocinarle eternamente y cuajarlo de hijos. Ya en el muro me senté a observar a las mujeres (no sabía que estaba dividido en géneros hasta que me encaminé a la parte masculina y alguien me frenó amablemente para que no me lamentase en el lugar equivocado) de todas las edades e indumentarias (desde el look más ultra-ortodoxo, el militar de las chicas que están haciendo el servicio en el ejército, el de las judías que viven en el extranjero y el de las turistas zombis como yo admirando la escena con intriga) rezando con sus libros, agitando la cabeza hacia las piedras del muro mientras otras esperaban tranquilamente sentadas. Tuvimos la oportunidad de cenar en un restaurante Kosher vegetariano y otro donde se servía carne; me gustó mucho la comida, sobre todo las ensaladas, también los tés de menta natural. Probé el humus en la parte musulmana de la ciudad, zumo callejero de granada, y gominolas de cítricos que servían de tentempié cuando flaqueaban las fuerzas al pasear por las calles. El viaje incluyó una visita guiada a un Kibutz, una experiencia tan interesante como inquietante, semejante oasis en el medio del paisaje desértico me provocó una cierta claustrofobia aunque me gustó mucho conocerlo. No nos fuimos sin antes darnos un baño en el mar muerto, un episodio al que habría que dedicarle su propio post; el mero hecho de denominar “mar” a lo que allí se encuentra es tan chocante como la sensación de flotar en un líquido picante y espeso, en el que uno se recuesta para admirar un paisaje lunar y desértico.

Como no podía ser de otra manera, hubo shopping, destacaría sin duda mi colgante de oro de 14 kt, con un diseño muy sutil, que compré en una joyería del barrio musulmán en la que entré y salí alrededor de cuatro veces ajustando cada vez más mi oferta mientras el dueño regateaba con una lugareña enturbantada que era mucho más agresiva que yo en la negociación (le tiraba una y otra vez los pendientes ya empaquetados al dueño como un yo-yó rechazando el precio con desdén) y que rompía su regateo para mirarme sonriendo al explicar que aquello en realidad era teatrillo y que no estaba tan cabreada como parecía.

5

Mujeres de toda índole lamentádose cada una por la parte que le toca

15

Tendencias de ceremonia en clave judía

4

Gominola local, la gasolina del viandante

16

Santo Sepulcro, no sabemos si la escena era relevante porque no llevaba guía pero parecía muy representativa

6

Pareja a la par ortodoxa y chic

7

Comida kosher, rica, rica

9

mmmm menta

3

Collares mil barrio musulmán

2

Call me ginger

18

Famoso y regateado colgante

1

“El Corte Inglés sin escaleras”

10

Paisaje del Kibutz

11

Aperitivo en el Mar Muerto

13

Mar muy muerto

12

Extraño ser oscuro (yo) untado de lodo en primer plano (incluidos pelo, dientes y gafas de sol) con el mar muerto de fondo

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